jueves, 13 de febrero de 2014

Por la vida sin chupete

 
Pues eso. Sin chupete. A puro pelo. Así ha decidido estrenarse en esta vida Mopito, apelativo que usamos para referirnos a nuestro churumbel. Que no os engañe la sonrisa que gasta, chupete-en-boca, en el dibujo que encabeza este espacio, cortesía de mi gran amiga Carolina Fernández. Nuestro Mopito escupe los chupetes con un gracejo incomparable. Y eso que los tiene de todos los tamaños, materiales, formas y colores. Pero no. Él prefiere afrontar los disgustos sin chupete con el que desfogarse.

En esto, como en tantas otras cosas, ha debido de salir al Padre Cholón, quien por lo visto llegó a ser un especialista en eso del lanzamiento de chupete. Por mi parte, fui engañada en algún punto remoto de mi infancia para dejar dicho artilugio olvidado en un viaje de camino a la playa. Y así, de esta guisa, hemos llegado el Padre Cholón y yo misma a este momento, obligados a afrontar también sin chupete con el que desahogarnos nuestra recién adquirida paternidad/maternidad. Tengo la impresión de que andamos en eso igual que todos los padres primerizos, tragándonos los sofocos a base de mucha paciencia, sin un mísero trozo de plástico que llevarnos a la boca que pueda servirnos de consuelo.

A pesar de no tener nada para succionar, no se puede decir que me haya ido demasiado mal desde aquel viaje a la playa en la que dije adiós al chupete para siempre. Después de licenciarme en historia en el año 2007, he trabajado como traductora, he obtenido un máster en Historia Contemporánea, he sido investigadora en el CSIC gracias a una beca predoctoral del MEC, me he arrejuntado con el Padre Cholón y he viajado y viajado en busca de fuentes para mi tesis.

Ahora, a mis treinta años, he sido madre por primera vez. De un Mopito-rebonico-que-te-como-que-te-como, como me gusta decirle cuando me lanza sus miradas patidifusas. La maternidad llega en un momento algo delicado. Mi beca se terminó tres meses antes de dar a luz y desde entonces estoy en el paro. Acabar la tesis a medio hacer se me antoja ahora una tarea imposible. Mientras, el Padre Cholón, que también es investigador, está que lo peta y no paran de concederle estancias, así que se avecinan meses emocionantes. 

Lo que quiero contaros en este blog es cómo nos vamos apañando el Padre Cholón y yo para cuidar de Mopito en sus primeros meses de vida, mientras nos recorremos medio mundo, terminamos de escribir nuestras tesis doctorales y buscamos nuevas fuentes de ingresos que nos permitan afrontar la treintena con algo de dignidad. Y todo eso, ¡sin chupete!

EDITADO: Desde el 29 de Mayo de 2014 el Padre Cholón pasa a conocerse simplemente como Pedro. Para entender los motivos de este cambio de identidad pincha aquí.