jueves, 29 de mayo de 2014

La verdad sobre el Padre Cholón




La semana pasada fue el treinta y tres cumpleaños del Padre Cholón, que está ahora mismo en Londres terminando la estancia de investigación y que me ha dejado aquí tirada con la fiera, ejerciendo de madre soltera. Con su permiso, voy a desvelaros algunos de los secretillos ocultos de este pedazo de hombre que me alegra los días desde hace ya unos cuantos años.

El Padre Cholón fue el bajista del grupo de Screamo más importante de la escena madrileña de la década del 2000.

El Padre Cholón hace las mejores tortillas de patata de toda España y parte del extranjero.

El Padre Cholón nunca tira los calcetines rotos si ya están lavados, aunque el espacio del tomate en cuestión ocupe más que el del calcetín en sí.

La ciudad favorita del Padre Cholón es Nueva York.

El Padre Cholón hace el baile de la victoria cuando Mopito se queda dormido.

El Padre Cholón cuando me lanza un piropo me llama “carahuevo”.

La comida preferida del Padre Cholón es el arroz, en todas sus formas. Pero con pescado mejor. Y su bebida favorita la cerveza.

El Padre Cholón es un plasta del software libre. Y quiere instalar Ubuntu en todos los ordenadores que se cruzan en su camino.

Al Padre Cholón le encanta montar en bici. Y el ciclismo. Y se sabe todos los ganadores del Tour, la Vuelta y el Giro desde 1935. 

Cuando le pregunto al Padre Cholón si no le da pena haber cumplido 33 años y hacerse viejo, me dice que cómo le va a dar pena, si con 33 años ya ha grabado un disco, publicado un libro y concebido un hijo.

El Padre Cholón en realidad se llama Pedro. Y a partir de ahora me referiré a él por su nombre. Porque ponerle en este blog un apodo tan feo a alguien tan increíble fue una mala decisión. Y con haberme tatuado un escorpión con quince años ya he cubierto el cupo de malas decisiones irreversibles para el resto de mi vida.

lunes, 19 de mayo de 2014

Diccionario crítico-festivo de la maternidad: Capítulo I



En los últimos tiempos, en el seno de mi familia hemos acuñado algunas expresiones propias que me gustaría explicar a continuación. Así, si algún día se popularizan, podremos reivindicar su procedencia.

Abuelear: Comunicarse mediante gestos y sonidos a través de una videoconferencia internacional por Skype, Gmail u otras plataformas similares, con los abuelos de una criatura. La conversación suele comenzar con un “¡Te oímos muy entrecortado!” o un “¡Uy! Que se ve como borroso, ¿no?”. En este tipo de comunicaciones, los padres de la criatura suelen ejercer un papel de simple intermediario entre ésta y sus abuelos. No es infrecuente que los incrédulos abuelos soliciten que la criatura ponga en práctica en vivo y en directo algunas de las últimas destrezas adquiridas por ésta (por ejemplo: darse la vuelta, comer con cuchara, parlotear, etc.). Esta expresión es mía, y desde aquí me gustaría lanzar un deseo al mundo: ¡Que alguien explique de una vez a esos abuelos qué es un pixel!

Irse pa’ Vallecas: Ponerse de parto, dar a luz, alumbrar, parir, traer al mundo a una criatura. El origen de esta expresión familiar procede de la elección del hospital en el que nació Mopito, el Infanta Leonor, situado en el popular barrio madrileño de Vallecas, vecino del barrio de San Blas en el que habitamos actualmente. Esta expresión fue acuñada por mi madre, que durante las últimas semanas de mi embarazo cada vez que descolgaba el teléfono me preguntaba “¿Ya estás en Vallecas?”.

Hacer el Ninja: Expresión que debemos al Padre Cholón y que describe la complicada acción de dejar al churumbel oportunamente dormido sobre la cama y darse a la vida loca. Esta acción consta de varios movimientos: 
1) Arrimarse al churumbel en cuestión y dejarle que succione a gusto el pechamen hasta que caiga dormido. 
2) Con mucho cuidado, apartar esa pierna y ese brazo con los que la criatura, cual astuto pulpo, se aferraba a nuestro cuerpo tercamente. 
3) Deslizar un dedo entre el pezón y la boca para desprenderse del polluelo (¡y ser libres por fin!). 
4) Volver a empezar desde el principio (paso 1) porque el muy jodío se agita nervioso en cuanto siente que se le escapa el pezón de la boca. 
5) Ahora sí, esperar unos segundos a su lado y empezar a incorporarse. 
6) Tumbarse rápidamente otra vez y volver a repetir todos los pasos anteriores porque el pichón se revuelve de nuevo. 
7) Por fin, terminar de incorporarse, salir poco a poco de la cama, parapetar al durmiente entre unos cuantos cojines (no vaya a ser que se ponga a dar volteretas y haga esa demostración que no quiso hacer antes, cuando “abueleábamos”) y escabullirse de la habitación. 
8) Beberse una cerveza para celebrar que ¡por fin duerme! (y beberla rápido porque nunca se sabe cuándo se volverá a despertar). 
NOTA: con frecuencia este proceso se atasca en los puntos 4 y 6 o se ve interrumpido en algún momento entre el punto 1 y 7 por la dificultad que entraña mantenerse despierta y alerta en el transcurso del mismo. 

Continuará...


lunes, 12 de mayo de 2014

Después de Londres


De regreso en Madrid, después de cinco días en casita, recuperando la forma gracias a los tupper de las abuelas y reencontrándonos con la rama peluda de la familia, llega la hora de hacer balance de la estancia londinense. Vamos allá.


Antes de Londres
Después de Londres

Balance
Páginas de la Innombrable escritas

109
131
Fatal, fatal, fatal
Doctorandos compañeros en el CSIC por fin doctorados

5
8
¡Enhorabuena Rosana, Pablo y Rebeca que se han unido al club! Yes we can!
Libros (no académicos) terminados desde que nació Mopito

0
3
Bueno, podía haber sido mejor, pero no está mal.
Alimentos incorporados a la dieta de Mopito

1
8
Ocho alimentos nuevos con sus correspondientes cacas apestosas.
Dientes de Mopito
0
0
Pues tuvimos una semana de llantos incomprensibles y los ancianos de la tribu profetizaron dientes. Pero al final nada de nada.

Kilogramos de Mopito
6
7,500
Como dice el Padre Cholón, Mopito de pronto ha decidido ser gordo y eso hay que respetarlo.

Y además, hemos dejado atrás el capazo, hemos visto a Mopito girarse sobre sí mismo (aunque no le debe gustar mucho porque no se prodiga en volteretas) y le hemos escuchado balbucear algo parecido a mamá y algo parecido a papá (y sí, sabemos que es un inconsciente y no sabe lo que dice, pero qué queréis, hace mucha ilusión).

Por supuesto, no me gustaría dejar de explicar aquí sus progresos chupetiles, que son importantes. Si la fase “el chupete me da arcadas” había quedado atrás hace mucho, mucho tiempo, la fase “lanzamiento de chupete” se me antoja ya también muy lejana. Así que es oficial: Mopito ya acepta el chupete de buen grado. Eso sí, tiene un concepto muy particular de cómo debe utilizarse este objeto. La secuencia es básicamente siempre la misma: se lo pongo en la boca, lo succiona una o dos veces, se lleva las manos a la boca, coge el chupete, le da la vuelta y comienza a morderlo por el canto, que debe saber mucho más rico.



lunes, 5 de mayo de 2014

Bye, Bye Ana Frank




En un rincón olvidado de la British Library, frente a las taquillas, hay una estatua de Ana Frank que mira con desaprobación todo lo que hacemos los que por allí pasamos. Personalmente, me tiene frita. Para ella nunca son suficientes las horas que paso en la biblioteca. “¿Ya te vas?”, me pregunta socarrona cada vez que voy a recoger mis cosas. Y yo me paro a su lado y le cuento mi vida, le hablo de Mopito, trato de que entienda, de que sea comprensiva. Pero no hay manera, ella es de bronce. Y encima no hay forma de evitarla, porque siempre está ahí plantada, junto a las taquillas, tan adusta, mirándonos a todos con ese aire de superioridad.

En la British Library uno puede encontrarse al Sombrero Loco o a la Reina de Corazones, a Oliver Twist, a Hamlet o a Robinson Crusoe. Sin duda gente un poco rarita, todos personajes peculiares y algo desquiciados, algunos con fijaciones homicidas un tanto alarmantes. Pero la verdad, creo que hubiera preferido lidiar con cualquiera de ellos que con la inquisitiva Ana Frank.

El viernes me recibió con la misma cantinela de todos los días. “Llegas otra vez un poquito tarde”. Yo estaba muy abatida pensando que ese era ya mi último día. Tenía que dirimir si me compensaba revisar un último periódico en la hemeroteca o si era mejor consultar algunos libros de última hora. Además, no quería olvidarme de despedirme de ese bibliotecario tan amable que se había aprendido mi nombre. Así que, por una vez, las impertinencias de Ana Frank no me afectaron en lo más mínimo.



jueves, 1 de mayo de 2014

Cosas que pasan en una estancia de investigación


Ésta es ya la cuarta estancia de investigación en la que el Padre Cholón y yo nos embarcamos juntos. Todas han sido precarias, pues en todas sólo uno de los dos iba becado (en una de ellas, ni siquiera eso). Y todas han tenido una serie de rasgos en común que hoy, con churumbel incluido, constato nuevamente:

- Durante las estancias, nuestros estándares de limpieza descienden de forma dramática. El baño y la cocina se convierten en territorio comanche.

- La ducha deja de ser una actividad diaria. Total, para cuatro archiveros que van a tener que sufrirnos.

- El termo es nuestro amigo más fiel. Pedirse un café a media mañana es de richmen.

- De pronto lo único que sabemos cocinar es pollo, lentejas y quiche. Aunque lo cierto es que nuestros almuerzos se componen básicamente de sandwiches y patatas fritas.

- La cerveza sustituye al agua en nuestra dieta. ¿Son dos litros diarios?

- Cuando las restricciones aduaneras lo permiten, comemos más jamón del güeno del que comemos en España.

- Hacia el final de la estancia, nos da por ver en bucle videos de perros. La foto de Sigrid que llevamos siempre con nosotros ha perdido su efecto placebo. ¡La echamos tantísimo de menos!

-  Pese a algunas de las cosas anotadas antes, la vuelta a casa nos depara una grata sorpresa: solemos llegar con un par de kilitos de menos, para consternación de nuestras madres. Aunque sé de uno que, al contario que sus padres, en su primera estancia de investigación está desarrollando unos jamones descomunales. 



Ea, ya he colado una fotografía de la perra en el blog.