miércoles, 24 de septiembre de 2014

Argentinadas




Más allá de los topicazos clásicos del fútbol, el tango y el psicoanálisis, el observador extranjero que pasa un tiempo entre las gentes y las costumbres argentinas puede verse sorprendido por algunas circunstancias curiosas. Aquí he seleccionado algunas de las “argentinadas” que más me han llamado la atención durante estos meses.

ASEO DIARIO

A juzgar por la escasez de geles de ducha y esponjas en los supermercados, en los que sin embargo se extienden pasillos enteros rebosantes de pastillas de jabón, asumo que los argentinos utilizan aún este sistema tradicional para enjabonar sus cuerpos.

En los bidés el agua sale con un chorro disparado hacia arriba. Vamos, toda una fiesta para el aseo de las partes pudendas.

MERIENDAS Y MIRINDAS

El ritual del mate es sagrado. Para quien no lo sepa, el mate es un brebaje caliente que sabe a rayos y que se consume en un recipiente especial y bastante raruno. Recientemente me he enterado de que la cuchara ¡no se remueve! Esto les molesta mucho a los argentinos,  quedáis avisados.

En Argentina todavía hay Mirindas y la leche fresca sigue vendiéndose en bolsas.

Es difícil encontrar productos extranjeros porque tienen muchos problemas para importar. A nivel práctico, esto se nota en muchísimas cosas. La más grave de todas ha sido que, adicta como soy a las galletas Mcvitie Digestive, me ha costado lo mío encontrar una alternativa de mi agrado.

No os dejéis engañar por las bombonerías tan primorosamente adornadas. Aunque parezca belga, el chocolate argentino es y será siempre macolate.

PUERICULTURA, MATERNIDAD Y EMBARAZO

No existen los carros de paseo para bebés tipo trío, con cuco y silla mirando a contramarcha: sólo tienen sillas de paseo básicas, que miran hacia adelante y como mucho con la posibilidad de encajar un maxicosi dentro. Se ven pocas mochilas y menos aún portabebés ergonómicos. En cambio es muy frecuente que paseen a los bebés en brazos, envueltos en una manta.

La gente te habla (mucho) por la calle, sobre todo si vas con un bebé, y siempre están dispuestos a ayudar. En el transporte público siempre están muy, muy atentos para cederte el sitio si cargas con el churumbel a cuestas.

Si llevas un bebé menor de dos años o estás embarazada también tienes paso prioritario en las filas de los supermercados, de los bancos y de las aduanas. O sea, que puedes colarte por toda la cara, dicho de forma elegantosa.

COSTUMBRES LOCALES

Los argentinos se saludan siempre efusivamente con un beso. Pensaréis, “¡pues vaya cosa, para efusividad la nuestra que usamos dos!”. Pues sí. Pero no siempre. ¿Llegáis al trabajo y le dais dos besos a toda la plantilla de la oficina? ¿Entráis (tarde) en un aula universitaria, con la clase ya empezada, y mientras el profesor explica la materia, os ponéis a repartir besos a diestro y siniestro? ¿No? Pues aquí seríais considerados unos outsider.

La figura del “paseante de perros” es toda una institución.

Circular como peatón por Argentina es más angustioso que hacerlo por Italia.

Las calles de Buenos Aires están plagadas de comercios pequeños. Por todas partes hay lencerías, librerías, jugueterías, verdulerías, zapaterías, lavanderías, ferreterías, tiendas de ropa, de cosas para el hogar, de electrodomésticos, de decoración o de artesanías. Mis preferidas, sin duda, las tiendas tradicionales en las que venden pasta fresca artesanal. ¡Son una perdición!

Los domingos Argentina huele a parrillada. En ellas se asan los mejores filetes de vaca del mundo, aunque para los que tenemos gustos vampíricos es mejor pedirlos bien jugosos, porque suelen cocinarse demasiado. Los nombres de los cortes son incomprensibles (bife de chorizo, bife de lomo, pechito, nalga, colita de cuadril, tira de asado, matambre) y a veces llaman a engaño (lo que aquí denominan chorizo para nosotros es una salchicha) así que si eres de los que necesita saber qué va a comer antes de ordenar, tendrás que hacerte con un diccionario.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Cafés de Buenos Aires




Hay que esperar una larga cola para entrar en el famoso Café Tortoni y nosotros nunca esperamos colas, así que seguimos andando por la Avenida de Mayo, atravesamos la Plaza del Congreso y nos adentramos en el barrio de Balvanera. En la esquina de Rivadavia y Rincón se alza el bohemio Café de los Angelitos de cuyas paredes cuelga la historia del tango y con ella la de la ciudad. Aunque el Café de los Angelitos también guarda algo de nuestra propia historia. Lo visitamos en otra vida, más despreocupada y fácil. Entonces nos sentamos en una mesa amplia junto a la ventana, desperdigamos nuestros libros por la superficie y disfrutamos de esa sana costumbre porteña que consiste en dejar pasar las horas en el bar delante de un café, o quizás de dos, leyendo un buen libro. 

Desde luego, las cafeterías de Buenos Aires invitan a ello. En ellas el teatro se convierte en librería y la librería en Café, y el Café otra vez en teatro y el teatro en librería. En todas sirven el té y el mate, con facturitas rellenas de dulce de leche, apple strudel y algún brownie. A veces también ofrecen la cena. Sandwiches de miga y empanadas, ñoquis y raviolis, milanesas y otras especialidades regionales. Y con la cena llega el espectáculo a los Cafés de Tango. Las cafeterías bonaerenses son así, invitan a quedarse: uno llega a desayunar y se marcha de madrugada. Lástima que el café lo sirvan siempre aguado.

Esta vez no leímos en el Café de los Angelitos. Pedimos la merienda, un trozo de pastel de limón con el que Mopito se relamió los labios. Las señoras de atrás le hacían cucamonas y él les dedicaba extravagantes sonrisas. Trepaba por mis piernas, hasta llegar a mis hombros y luego pretendía seguir trepando por mi coronilla, desde donde se lanzaba al vacío en un salto mortal para terminar cayendo otra vez sobre mi regazo. Al final de la tarde salió a tocar el acordeonista y todo el mundo aplaudía y Mopito también aunque varios minutos más tarde, cuando todos habían parado ya. Definitivamente, la vida ahora es algo más complicada que la última vez que visitamos los Angelitos. Pero infinitamente más divertida.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Cinco recuerdos del verano




Como sabéis, hace más de un mes que se acabó el verano para nosotros y aunque debo confesar que agradezco haber podido librarme de los calores del agosto mediterráneo, mis retinas han sufrido terriblemente con vuestras fotos de piscinas, playas paradisiacas y aguas cristalinas. Así que, con toda la morriña persiguiéndome desde el otro lado del mundo, no me he podido resistir a la iniciativa de “Cinco recuerdos del verano” puesta en marcha por la madre novata y seguida por Begobolas y Remorada, entre otras. Pensaba que me iba a costar encontrar cinco recuerdos bonitos de un verano que además de corto ha sido bastante sosainas. Pero al final me ha salido una lista muy bien surtida.

  1. El 24 de junio descubrimos que el mar causaba un efecto sedante en Mopito. Al día siguiente tuvo su primer remojón y con él dieron al traste todas mis esperanzas de contar con un compañero de fatigas para mis baños locos. De momento, parece más animal terrestre que acuático.
  2. El 5 de julio, a la vuelta de las vacaciones, nos llevamos un sorpresón en el supermercado al ver que en la sección internacional, en la que cada mes tienen un “país invitado”, había aterrizado una remesa de birras Moretti. Arramplamos con todas y estuvimos varias semanas acordándonos de la vecina Italia.
  3. Hablando de cervezas, el 18 de julio, mientras disfrutábamos con una en la mano de nuestra segunda noche fuera de casa desde que naciera nuestro gorrión y esperábamos para entrar en el concierto de Portishead, me di cuenta de que el hipster que se sentaba a mi lado era un viejo amigo de la infancia. Me hizo mucha ilusión poder reconocerle debajo de tanta barba.
  4. El 22 de julio la cuadrilla de amigos de Pedro dio la bienvenida a un nuevo y recién horneado miembro: la pequeña y preciosa S. Con ella la nueva generación asciende ya a cuatro miembros. Este nacimiento me dio la oportunidad de desplegar mis dotes artísticas y con los pañales que nos habían sobrado de la talla dos preparé una tarta muy apañada. Me pareció que quedaba mucho mejor esto que dar a los nuevos padres una bolsa de pañales abierta.
  5. El verano de 2014, el primer y más corto verano de Mopito, se acabó abruptamente en el Aeropuerto de Barajas la noche del 31 de julio. Al otro lado de los controles de seguridad quedaban los abuelos tristes y afligidos, conscientes de que se estaban despidiendo de nosotros hasta el próximo noviembre. Durante el viaje nos hartamos de decir eso de “the winter is coming”, aunque nos quedaba aún una noche muy larga para poder saludar al invierno.